El PSOE que se necesita


Para realizar los pactos de Estado que España necesita no vale cualquier PSOE. Desde luego, no el heredado de Zapatero, alejado del que gobernó España con Felipe González.

El PSOE se ha ido transformando en un partido que ha asumido el discurso de los nacionalistas-independentistas y que apuesta por un camino cuya estación última es el reconocimiento de Cataluña, País Vasco y Galicia como Estados. Es a lo que han apostado sus franquicias en esas tierras cada vez que se han coaligado para gobernar con los independentistas de ERC, PNV y BNG.

Fueron Felipe González, Alfonso Guerra y el resto de los que aparecen en la fotografía de la tortilla los que pasaron de apoyar abiertamente en su política antifranquista «el derecho de autodeterminación de los pueblos de España», a «recuperar el sentimiento nacional, las señas de identidad del español», como declaró González en una entrevista concedida después de acceder a la presidencia del Gobierno en 1982, y como repite cuando se le pregunta.

El PSC, el PSE y el PSdeG están alejados del socialismo que practican sus hermanos federados del resto de España. Mientras la idea de progreso de estos últimos, como afirma el politólogo Jorge del Palacio, no es identitaria, sino social y recela del entendimiento entre socialistas y nacionalistas, en los primeros prima el principio de autonomía regional sobre el de igualdad entre todos los españoles.

En su entendimiento con los nacionalistas-independentistas, los partidos socialistas de Cataluña, País Vasco y Galicia, e incluso el de las Islas Baleares, han derivado en el cuestionamiento de la existencia misma de España como nación y en una visión plurinacional del Estado que por ese camino deriva en confederal y no federal, como defienden sin convicción y bajando los ojos los que recalan en Ferraz.

Para afrontar la reforma de las Administraciones públicas, sus duplicidades y proliferación de instituciones; restablecer la observancia plena de las reglas de juego establecidas en el Título VIII de la Constitución, y encontrar soluciones a los problemas que plantean algunos en Cataluña, se requiere un pacto de Estado entre, al menos, el PP y el PSOE. Pero no el PSOE actual, sino aquel que construyeron los sevillanos y que era socialista, nacional y para todos los españoles.

Si Pedro Sánchez lo hace habrá salvado al PSOE y contribuido a fortalecer España. Si siguen mirándose al ombligo, incumpliendo los acuerdos adquiridos, huyendo del centro y queriendo competir con la extrema izquierda, se quedará en partido residual y España entrará en aguas turbulentas.

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