Todos tuvimos un compañero de aula, aplicado él, que podía despistarse una evaluación y el sobresaliente no se lo quitaba nadie. Ni le corregían el examen, pues se presumía que sería igual de destacado que los anteriores. Eso fue lo que le pasó a Leo Messi en el reciente Mundial. Salvo algún pequeño destello de su indudable maestría, pasó desapercibido. Estuvo ausente, perdido, como si todo aquello no fuese con él. Le dieron el balón de oro por pura inercia, e imagino que también por cuestiones de índole económica para la organización. Por no abandonar el combinado albiceleste, el también barcelonista Mascherano se lo merecía mucho más. Pero es lo que tiene ser tan inmensamente mediático. Que el mundo, en este caso el del fútbol, se rinde a tus pies. Por el contrario, te ignora si no eres nadie. Espero que en política no ocurra lo mismo. Por el bien de Pedro Sánchez y del PSOE. Al nuevo secretario general de los socialistas, salvo en su círculo más próximo, no le conocía nadie. Por lo cual el citado sobresaliente se lo tendrá que ganar. Un segundo fenómeno Zapatero. De la nada a la cima en un abrir y cerrar de ojos. Confiemos en que si algún día gobierna, su gestión no sea tan nefasta como la del leonés, y no nos deje hipotecados hasta las cejas.