Un círculo vicioso

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

Cuando en 1947 el comité especial de las Naciones Unidas para Palestina, presentó la opción de una partición en dos Estados, uno árabe y otro judío, la aceptación de los judíos, para los cuales era una esperanza de futuro, y el rechazo de los árabes, por considerar que se les adjudicaba menos terreno de lo que por población les correspondía, condenó a estos últimos a una lenta agonía. El resultado es que más de seis décadas después de la declaración de independencia de 1948, Israel es una de las pocas -por no decir la única- democracias reales de Oriente Próximo, mientras que los palestinos, sin Estado reconocido, se hacinan en franjas de territorio cada vez más exiguas.

Los palestinos se niegan a que alguien no musulmán gobierne un territorio que, durante siglos, fue coto privado de árabes y turcos, olvidándose de que había otras poblaciones que llevaban milenios viviendo allí. Los judíos, escarmentados de siglos de éxodo, persecución y provisionalidad, se han aferrado a la tierra de sus ancestros, alentando una lenta pero inexorable política de asentamientos, que tiene por objeto reducir el territorio palestino a la mínima expresión.

La intransigencia palestina y la avidez israelí han creado un círculo vicioso de provocación/represalia que no conduce a ninguna solución. A los líderes palestinos actuales les conviene la situación de opresión de los suyos, ya que, en un país democrático y próspero, no serían elegidos para gobernar, mientras que a los judíos les beneficia la animosidad palestina ya que, cada vez que estos les atacan, ocupan más territorio, lo que les acerca a su deseado Gran Israel.