Un círculo vicioso

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

14 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando en 1947 el comité especial de las Naciones Unidas para Palestina, presentó la opción de una partición en dos Estados, uno árabe y otro judío, la aceptación de los judíos, para los cuales era una esperanza de futuro, y el rechazo de los árabes, por considerar que se les adjudicaba menos terreno de lo que por población les correspondía, condenó a estos últimos a una lenta agonía. El resultado es que más de seis décadas después de la declaración de independencia de 1948, Israel es una de las pocas -por no decir la única- democracias reales de Oriente Próximo, mientras que los palestinos, sin Estado reconocido, se hacinan en franjas de territorio cada vez más exiguas.

Los palestinos se niegan a que alguien no musulmán gobierne un territorio que, durante siglos, fue coto privado de árabes y turcos, olvidándose de que había otras poblaciones que llevaban milenios viviendo allí. Los judíos, escarmentados de siglos de éxodo, persecución y provisionalidad, se han aferrado a la tierra de sus ancestros, alentando una lenta pero inexorable política de asentamientos, que tiene por objeto reducir el territorio palestino a la mínima expresión.

La intransigencia palestina y la avidez israelí han creado un círculo vicioso de provocación/represalia que no conduce a ninguna solución. A los líderes palestinos actuales les conviene la situación de opresión de los suyos, ya que, en un país democrático y próspero, no serían elegidos para gobernar, mientras que a los judíos les beneficia la animosidad palestina ya que, cada vez que estos les atacan, ocupan más territorio, lo que les acerca a su deseado Gran Israel.