El vodevil de Mariano y Artur

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

12 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

¡Albricias! ¡Que la gente saque banderas a los balcones como si hubiera ganado la selección! ¡Que haya barra libre en bares y puticlubes! ¡Artur Mas y Rajoy se han llamado por teléfono! ¡Más difícil todavía: empezaron a preparar su próxima entrevista, porque habrá entrevista, aunque la gratificante noticia sorprenda desde Fisterra a Pekín! Lo anunciaron en la Moncloa y Barcelona, de forma bilateral y coincidente en tiempo y palabras, como si se tratara de un acuerdo entre gobernantes de Estados independientes. Un respiro de alivio se escuchó en todo el país porque, como diría Carlos Herrera, la gente preguntaba angustiada por la calle: ¿Por qué no se hablan Mas y Rajoy? ¿Por qué no se quieren ver? Media incógnita despejada. La otra mitad espera a que la feliz coyunda se celebre.

Esto del encuentro de los dos deseados parecía de coña. Rajoy quedó escaldado del encuentro del «atente a las consecuencias» y en las paredes de la Moncloa quedó grabado: «Con ese señor no hay nada que hablar». Después se avanzó hacia la consulta del 9-N, con dos preguntas decididas y claramente separatistas, Rajoy cogió un rebote de mil pares y lo consideró casi un delito de lesa patria y un agravio personal. Las puertas de la Moncloa se cerraron un poco más. Las últimas horas antes de comunicar a los mortales la prodigiosa llamada por teléfono habíamos asistido a un espectáculo de informaciones, desmentidos y endiosamiento de las partes que tuvo dos momentos culminantes: «Si mañana me llama, mañana mismo nos vemos» o «Para vernos, solo hace falta que me convoque». Parecía un círculo sin salida.

Pero el momento más novelesco se produjo ayer, cuando Francesc Homs, portavoz catalán, hablaba en Catalunya Radio y parecía retratar la búsqueda de pruebas de un magnicidio. «No hay copia de ningún escrito ni ninguna grabación», aseguraba, como si estuviera declarando ante un jurado. Pero «mucha gente los vio hablar durante unos minutos», añadió con alivio, como el abogado que descubre que hay testigos; como el policía que llama a la colaboración ciudadana; como el productor de la tele que contrata a un lector de labios para que traduzca lo que Más y Rajoy se dijeron durante esos minutos. Ahí está la gran clave del futuro de la humanidad.

Esperemos que ahora sea todo algo más serio. Soy de los defensores del diálogo por encima de la imposición, sobre todo en conflictos territoriales. Creo que se ha tardado demasiado en hacer esa llamada. Y confío poquísimo en el éxito del encuentro, porque ni uno cederá ni el otro dará marcha atrás. Pero que al menos lo intenten, leñe. Lo peor que podría pasar es que, además de romper España, se rompiera por el peregrino argumento de la falta de comunicación.