La excepción Monago


El señor Monago, presidente de Extremadura, sigue siendo un saco de sorpresas. Aunque sea del PP, cuando quiere es más rojo que Izquierda Unida, el partido que lo sostiene. Cuando le da la vena liberal, lo es más que Esperanza Aguirre en trances de éxtasis. Si le da un ataque de populismo, le gana a Pablo Iglesias. Gobierna con un desparpajo que parece más de Sevilla que de Badajoz. Y juega con los impuestos con una alegría que descoloca al mismísimo Montoro. Siempre adelanta al Gobierno de la nación con su himno preferido: «Y yo, mucho más». Nadie en el PP le para los pies por una poética razón: es de los pocos que, gracias a esas artes, parece tener garantizada la mayoría. Con el mérito añadido de que Extremadura fue durante lustros un feudo inexpugnable de la izquierda.

Lo último que hizo Monago fue ponerse por delante de Montoro y de todos los demás y rebajar un 15 % el tramo regional del IRPF. En total, su Hacienda dejará de percibir 50 millones de euros anuales. Si lo hace, será porque puede, porque no tiene necesidades de caja, porque sus cuentas están saneadas y porque no hay ningún gasto social que no pueda afrontar. Es decir, Monago dirige un paraíso económico que habría que poner como ejemplo frente a la rica Madrid, que no para de pedir; frente a la poderosa Cataluña, que devora todo lo que recauda y todo lo que le remite el Fondo de Liquidez Autonómica; o frente a la otrora brillante Valencia, cuyo presidente acaba de avisar a Rajoy: o hay mejor financiación, o ganan los independentistas del pancatalanismo.

Monago no tiene esos problemas de los ricos, porque le sobra el dinero. Desmiente las intocables leyes económicas y demuestra que no es preciso que mejore la actividad para premiar al contribuyente con menos impuestos. No contempla, ni de broma, que pueda tener un problema de tesorería, porque Extremadura no cae en esa vulgaridad. Es probable que, al revés que Rajoy, consiga que sus administrados tengan más dinero en el bolsillo al tiempo que les paga la dependencia, les mejora la educación o les mantiene el nivel de la Sanidad. Un tipo prodigioso. Tendrían que hacerlo ministro de Economía. Tendría que ser comisario europeo.

Los inconvenientes son realmente menores. El PP presume de tener un discurso único para toda España, pero cabe la excepción Monago. El PP dice que nunca hace electoralismo, sino que solo piensa en el interés general, pero cabe la excepción Monago. El PP predica la solidaridad entre las regiones, y Monago tendrá que empezar a ser solidario con las regiones pobres. Y Cataluña, que tanto aporta a esa solidaridad, tendrá razones para negarla, porque quien rebaja impuestos no necesita la aportación de los demás.

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