La insoportable levedad del madinismo, escribo remedando a Kundera, es lo más parecido a una monumental tomadura de pelo en la historia reciente del Partido Socialista. El diputado Madina, candidato a la secretaría general del partido que un día lejano fundara Pablo Iglesias -el auténtico, no la copia asamblearia de la casta de profesores universitarios de Ciencias Políticas-, ha declarado su simpatía por la consulta catalana como uno de los puntos programáticos de su candidatura.
Quienes creemos en la urgente refundación de un partido histórico, que ha contribuido de manera decisiva a la consolidación democrática, quienes respetamos el legado de Prieto, Largo Caballero o Felipe González, y creemos firmemente en la viabilidad de las tesis socialdemócratas que han reconstruido Europa y afianzado en las pasadas décadas las razones en las que se sustentaban las libertades y el Estado de bienestar, exigimos a los pretendientes al liderazgo socialista imaginación y modernidad, respeto a la historia y a la ciudadanía, a la vez que demandamos soluciones prácticas al devaluado discurso de la historia reciente y al mismo rol de una clase política instalada en la lectura más innoble del poder.
Yo no sé lo que necesita el PSOE, pero estoy seguro de lo que no necesita. Sobran las obviedades y el análisis banal de una realidad que se nos antoja muy compleja, hay que erradicar la política low cost y los mil nombres y maneras del populismo, evitar la grandilocuencia del falso progresismo y revisitar los textos programáticos de los partidos socialistas escandinavos, del profundo debate del compromiso del SPD alemán, e incluso -escribo hoy desde Roma- estar atentos a las formulaciones que está estableciendo el primer ministro italiano, Renzi.
El partido español de los socialistas es fundamental en la próxima e inmediata lectura política de España. Y si el viejo bipartidismo está seriamente dañado, el futuro del socialismo español está todavía por escribir.
Y desde luego, el diputado Madina no es ni mucho menos la solución alternativa deseable. El aparato contamina de manera perversa y obliga a la reproducción de las tesis mas caducas y obsoletas. Eduardo Madina es un aparatchik arquetípico, de manual, vaya. Y su discurso está muy alejado del nuevo socialismo. Que Dios nos coja confesados, aunque, estoy seguro, queda poco tiempo para que seamos conscientes de que hay vida después del madinismo.