Solo un juego

José M. Fernández PUNTO Y COMA

OPINIÓN

Un desafío colosal. Despojado de los complejos de antaño, el fútbol español defiende en Brasil una hegemonía que arrancó en la Eurocopa del 2008, un modelo de juego unánimemente aplaudido y una idea, también fuera del campo, muy alejada de las algaradas y las tensiones de antaño. El victimismo les corresponde ahora a otros; España ya no tropieza en una infausta tanda de penaltis o se lamenta durante meses por un arbitraje calamitoso. Ha aprendido a ganar. Brasil es el gran reto para una generación irrepetible, para un grupo que ha cumplido con la más optimista de las expectativas y que está en disposición de poner el más brillante de los broches en el país del fútbol. A pesar de un juego que los burócratas han mercantilizado hasta el hastío o de un país que clama contra la corrupción, las desigualdades y el dispendio en obras innecesarias, comenzó por fin a rodar el balón, arrancó la gran cita cuatrienal del balompié. No es una cuestión de Estado; solo es fútbol, la más importante de las cosas que no son importantes.