Es el momento


Nadie con un mínimo de rigor aspira a sentarse en un trono de incertidumbre, dudas y desconfianzas. Porque eso solo puede conducir a desasosiegos e inquietudes. Y sin embargo es lo que le pide parte de este país a Felipe VI. Que se siente en un sitial que a día de hoy abrasa.

No hay que pararse en razonar que la España de hoy no tiene nada que ver con la de hace cuatro décadas. Afortunadamente. Ni nuestra madurez democrática. Ni la situación de zozobra de aquellos tiempos convulsos. Y si entonces se aceptó que el rey recibiese el poder de aquel dictador, hoy los tiempos nos obligan a replantearnos el futuro y, sobre todo a enmendar errores.

No negamos el papel que Juan Carlos jugó en esta democracia nuestra. Con grandes reparos. Aceptamos incluso que en 1975 el país no estaba preparado para recibir una república. Pero, en aras de esa «nueva generación» la consulta se hace imprescindible. Para que opine ese 60 % que no aprobó la Constitución que ampara la monarquía y lo hagamos también el 40 % restante. En libertad y madurez.

Porque este no es un momento cualquiera. Iniciamos una nueva época instalados en un rechazo absoluto de los ciudadanos hacia las clases dirigentes y las instituciones. También la monárquica. Con una valoración del 3,6 sobre 10. Solo con esto sería suficiente para plantearse la consulta ahora, porque ahora es el momento de solventar el futuro. Nadie quiere vivir de prestado.

Pero es que además, después de tantas imposiciones, soberbias y desprecios, tenemos que imponer nuestro derecho a decidir nuestro porvenir. Y a dotarnos de la institución que creamos más moderna. Y la monarquía, por definición, puede tener alguna virtud, pero no precisamente la de ser moderna.

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