Mi primer contacto con su majestad el rey don Juan Carlos fue en una recepción concedida a la Junta de Gobierno de la Universidad de Santiago, en el Palacio Real, en los años ochenta. Como presidente de la Real Academia Galega de Ciencias, he de agradecerle que en 1994 se dignase conceder a la entonces Academia Gallega de Ciencias el título de Real, que nuestra institución ostenta ahora con orgullo.
Desde mi punto de vista, el rey siempre ha mostrado una gran sensibilidad hacia la ciencia y la tecnología, porque estaba plenamente convencido de que el conocimiento, a través de la innovación, constituía un factor decisivo para mantener la competitividad del sector productivo y asegurar con ello el desarrollo socioeconómico de España. Un buen ejemplo es la Fundación Cotec, que ha jugado -y lo sigue haciendo- un papel muy importante en la promoción de la innovación en el país. La fundación surgió a iniciativa del rey, que ostentaba su presidencia de honor. En dos ocasiones tuve el privilegio de asistir a reuniones del patronato de la fundación, del que era miembro, celebradas en el palacio de la Zarzuela bajo su presidencia. Siempre presidía los actos que tenían que ver con la ciencia y la tecnología, como eran, entre otros muchos, la presentación de los informes anuales de Cotec o la entrega de Premios Nacionales de Investigación, actos a los que también tuve ocasión de asistir varios años.
En este sentido, he de agradecer al rey de España su visión acertada y moderna del papel del conocimiento para el bienestar de los españoles, así como su amabilidad y su buena acogida. Como simple ciudadano español tengo que decir que la figura del rey don Juan Carlos me ha proporcionado seguridad y confianza a lo largo de los delicados años de su reinado, más allá de los errores que pudiera haber cometido. Solo me cabe desear que su sucesor, el rey Felipe VI, formado en la modernidad, sepa acertar en su reinado y sea capaz de generar en los españoles ese mismo tipo de sentimiento.