Estupidez al cuadrado

OPINIÓN

La estupidez de la mayoría de los SMS y mensajes en las redes sociales se eleva a diario a categoría cuando se difunden desde muchas de las tertulias de radio y televisión mediante el procedimiento tecnológico denominado streaming: corriente continua de distribución multimedia a través de una red de ordenadores, de manera que el usuario consume el producto al mismo tiempo que se descarga.

La irresponsable propagación de esos mensajes -la mayoría anónimos o firmados con falsos nombres o suplantación de personalidad- magnifican insultos, esparcen rumores y propagan mentiras, que se asientan como verdades entre una ciudadanía cada vez menos preparada para discernir entre la verdad y la mentira, la necedad y la seriedad, el mundo real y el virtual.

Muchas empresas e instituciones que se tienen por serias y rigurosas toman decisiones basadas en la lectura de comentarios difundidos en Internet con el simple argumento de que «tienen un enorme altavoz», sin reparar en el hecho de que tener un altavoz no confiere al que lo utiliza ni peso intelectual ni importancia, ya que, si el del megáfono es bobo, el uso del artilugio no lo transforma en inteligente, sino que lo subraya como un bobo que suena muy fuerte: como un bobo al cuadrado.

Los periodistas, una de las profesiones menos valoradas, según varios de los sondeos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), deberíamos tener en cuenta esta clasificación para escalar en ella por el simple procedimiento de no servir de repetidores, altavoces y notarios de esas paparruchadas que se dicen en la red y que tanto contribuyen a clasificar a España como el mayor patio de porteras de la galaxia McLuhan. Ya dejó escrito el célebre erudito canadiense de la aldea global que el medio es el mensaje, y nada más cierto que elevar a categoría las memeces de anónimos filibusteros propagadas por la red.

Mark Zuckerberg, creador y principal accionista de Facebook, declaró al comprar WhatsApp que se considera el «hacedor del nuevo periodismo». Demasiadas ínfulas y épico desconocimiento periodístico del joven triunfador porque las redes sociales no son periodismo, sino patio de comadres que, por exhibirse en público, deberían responsabilizarse de su contenido y no solo del servicio técnico que representan.

El problema de rendirse al sistema es que les fagocitará si los medios de comunicación siguen haciendo el juego a las redes sociales porque estas ni oyen, ni hablan, ni ven.