El fracaso de la austeridad

Manuel Lago
Manuel Lago EN CONSTRUCCIÓN

OPINIÓN

23 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace tan solo unos días Eurostat publicaba los datos del primer trimestre del 2014, en los que se ponía de evidencia que la eurozona sigue estancada, en el mejor de los casos, y asomándose a una nueva recesión en el peor, porque, sin la aportación de Alemania, la variación del PIB está muy cerca de cero. Y así llevamos ya seis años, desde que en el 2008 empezó la crisis.

En el 2009 todos los países más desarrollados sufrieron duras caídas en su nivel de producción, no solo los de la eurozona, sino también EE.UU., Reino Unido o Japón, en lo que se calificó como la Gran Recesión. Sin embargo, todos, excepto la zona euro, tuvieron ya en el 2010 una recuperación, débil al principio, pero que se consolidó después y ahora ya crecen cerca del 3 %. La Europa del euro es, por lo tanto, el único sitio del mundo que no ha salido del bucle recesivo. Y para eso hay una explicación: el fracaso de las políticas de austeridad impuestas por Merkel y aplicadas por sus capataces en los diferentes países de la UE.

Cuando estalló la crisis, el conjunto de países compartía casi los mismos problemas. Más aún, estos eran especialmente intensos en EE.UU. y en el Reino Unido porque estaban más afectados que nadie por la crisis del sistema financiero y por la burbuja inmobiliaria. Y, sin embargo, en un solo año salieron de la recesión.

La eurozona es el pelotón de cola de la recuperación, seis años ya en los que pasamos de la recesión al crecimiento débil para volver a caer en la recesión. Los primeros ministros Cameron y Abe, pero sobre todo el presidente Obama, no dudaron en poner en marcha políticas expansivas, fiscales y monetarias, que impulsaron el crecimiento económico y redujeron de forma rápida su nivel de desempleo.

Pero aquí tenemos a Merkel y su moral calvinista, su férrea voluntad de hacernos pagar con el dolor de los ajustes un pecado que no hemos cometido, por lo menos no los ciudadanos. La austeridad, se decía, era el único camino para la recuperación y el equilibrio de las cuentas públicas, mientas que la política de Obama era un falso atajo, una mera ilusión que en no demasiado tiempo se desmoronaría.

Han pasado ya seis años y EE.UU. crece cerca del 3 % y su nivel de desempleo está por debajo del 7 %. Europa, que ha padecido la mayor ola de sufrimiento de los últimos cincuenta años, va en el camino contrario: su economía en estancamiento o recesión, el desempleo en niveles históricos y la deuda pública no deja de crecer. Tanto dolor para un enorme fracaso.

No es economía, es ideología. Ideología y política conservadoras que han dominado las instituciones europeas en los últimos años, con amplia mayoría tanto en el Parlamento como en la Comisión Europea. El próximo domingo los ciudadanos tenemos la ocasión de decir basta, de rebelarnos democráticamente. En esta hora decisiva, en una encrucijada histórica en la que nos enfrentamos al riesgo de retroceder al pasado más negro del continente, no podemos abdicar de nuestra responsabilidad. Es la hora de la ciudadanía.