El Deportivo no ganó, pero tampoco perdió, resultado este que hubiese sido grave a estas alturas de Liga. Al Eibar nunca se le reconocieron méritos para el ascenso, y por aquí también el pronóstico anticipaba su derrota. Son posturas tremendamente equivocadas, que perviven en el fútbol desde que en 1929 se puso en marcha el campeonato de Liga, con sus puntuaciones y golaveraje, valores que se aplican para deshacer empates finales en los torneos.
No ganó el Deportivo, pero tampoco perdió y el 1-1 recordó lo sucedido el sábado en el Camp Nou en donde un porcentaje de aficionados, que no pasaría del 2%, hubiese apostado por el Atlético campeón. El fútbol no cierra a ningún equipo la posibilidad de dar la sorpresa, como sucedió en Riazor, donde el Deportivo no ganó porque no estuvo a la altura de lo que es un líder. Las consecuencias del empate lo que hacen es retrasar un ascenso que debe de llegar un poco más tarde. El empate de Riazor no fue bueno, pero lo cierto es que pudo ser mucho peor.