El «David» y «La Piedad»

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Dos curiosidades más sobre el más grande. Miguel Ángel Buonarroti tenía un empeño tan gigantesco como los cuatro metros de su monumental David. El David y La Piedad son dos de los extremos de su genialidad como escultor. Él siempre se consideró escultor. Dudaba cuando le proponían pintar. Acogido de niño en una cantería, el cincel le atraía más que nada. Y, sin cumplir los 25 años, es capaz de lograr esa pequeña pieza de La Piedad, la misma que casi es destrozada a martillazos por un loco en 1972 y que ahora se expone protegida. Vasari lo dijo: logró un milagro de un bloque de piedra, en competencia con la perfección que la misma naturaleza es capaz de crear en la carne. No hizo menos con el monumental David, que exigió se exhibiese en el centro de la plaza, lo que le enfrentó a la autoridad. Cuarenta hombres y cinco días de trabajo costó llevarlo hasta allí. Hoy está expuesto a cubierto en la galería de la Academia de Florencia y el que se ve fuera es una copia. Pero es imposible copiar el talento de Miguel Ángel. No hubo otro igual. El David y La Piedad siguen abriendo bocas con el asombro.