Unos cenizos y unos tristes


Hace unos días ya me confesé antipatriota, porque no me gustan los toros, como a Esperanza Aguirre. Y ahora reconozco que también soy un cenizo y un triste. Aunque me consuela saber que somos mayoría. Según cómo nos definió ayer mismo el presidente Rajoy, los que nos mostramos escépticos de un inmediato futuro boyante somos unos tristes. Que tampoco es como para estar de fiesta tal y como van las cosas.

Así que, por lo que nos dijo el CIS, solo horas después de la triunfante intervención presidencial, el 85,2 % de los españoles somos unos cenizos. Porque creemos que la situación económica es mala o muy mala. Y el 86,7 % somos unos tristes porque entendemos que está igual o peor que hace un año. Y si hablamos de la realidad política, un 79,5 % somos aun más cenizos porque la calificamos de mala o muy mala y el 77,6 % estamos tristes porque creemos que dentro de un año será igual o peor.

Esto lo ha dicho el CIS, que se entiende que son amigos del presidente y que por tanto barren para casa. Pero es que resulta imposible sumarse a los mensajes exultantes de optimismo que se nos imparten. Porque una cosa es la realidad y otra el optimismo desmesurado. Y Voltaire, que no era ministro de Mariano, le hizo decir a su personaje Cándido que «optimismo es la manía de sostener que todo va bien, cuando todo va mal».

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Unos cenizos y unos tristes