Estoy serenamente preocupado. Me consta que la cúpula del PP también. ¿Cómo puede haber campaña electoral sin la omnipresencia del hombre que llevó a la derecha española a las más altas cotas del prestigio en el teatro de operaciones contra el peligro de armas de destrucción masiva en Irak?
Desde FAES, el expresidente Aznar cumple con esa imprescindible misión de velar por el camino y la doctrina. Es para la política española -de derechas o conservadora- lo que en el Vaticano la Congregación para la Doctrina de la Fe. La luz que permanece encendida, elaborando informes y estudios para mejor proveer.
Y es que no solo no siguen sus dicterios: cometen la falta de respeto máxima, no invitándolo a participar en el teatro político de las elecciones europeas, donde no importa si se habla del futuro en la UE y de lo que pintan sus instituciones frente a los cenáculos del poder económico: oligarquías. Es una oportunidad para que el maestro se muestre presente y nos haga saber si alcanzaremos la tierra prometida del liberalismo y la unidad patria.
Comprendo su enfado, sereno, como siempre. Comprendo su enojo con los que no lo han llamado para rogarle que sea el guía necesario en la contienda ideológica (?). Comprendo que un personaje tan ocupado, entre conferencias, asesoramientos y abdominales, no pueda improvisar esa agenda que, sin duda alguna, todos esperamos y necesitamos, en este valle de lágrimas.
En el otro bando, hasta ZP ha salido del ostracismo por sus mentiras sobre la confrontación España-mercado, al negar, como San Pedro, que conociera la llegada e instalación del peor jinete del apocalipsis. Y aun así, la familia socialista permanece más o menos unida ante la cita del 25-M. Felipe y Alfonso volverán a compartir escenarios. Rubalcaba olvidará por un momento a los socio-nacionalistas catalanes. Seguirá insistiendo en modificar la Constitución para diseñar el federalismo, aunque no sepan adónde se va, y que no es lo que piden en Cataluña.
Necesitamos a Aznar. Amén.