Buscando otros caminos


Cuando se acaban de cumplir dos años del más que famoso Real Decreto Ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones, parece más que pertinente pararse a reflexionar sobre cómo han ido las cosas, pues muchas de las preocupaciones actuales de la ciudadanía están asociadas con la salud y el sistema sanitario: cómo se garantiza, cómo se pierde, quién la administra, cómo se paga, quién y cómo tiene derecho a ella, qué futuro tiene, etc.

Ese ejercicio de sabiduría práctica es lo que nos proponen conjuntamente los colegios de médicos y farmacéuticos coruñeses al convocar hoy en A Coruña una tertulia con el título La desigualdad y su repercusión en la salud. En ella van a participar Sebastián Mora (secretario general de Cáritas España), Beatriz González (catedrática de Métodos Cuantitativos en Economía y Gestión en la Universidad de Las Palmas) y Carme Borrell (doctora en Salud Pública, jefa del Servicio de Sistemas de Información Sanitaria de la Agencia de Salud Pública de Barcelona), moderados por Xosé Luís Barreiro Rivas. Sin duda, un excelente plantel en orden a alcanzar el objetivo que se persigue.

El mencionado real decreto afirma que «la creación del Sistema Nacional de Salud ha sido uno de los grandes logros de nuestro Estado de bienestar, dada su calidad, su vocación universal, la amplitud de sus prestaciones, su sustentación en el esquema progresivo de los impuestos y la solidaridad con los menos favorecidos, lo que le ha situado en la vanguardia sanitaria como un modelo de referencia mundial». ¿Sigue siendo esto verdad, o nos hemos dejado por el camino en estos dos años buena parte de esos ideales y realidades? ¿Hay diferencias entre Galicia y el resto de las comunidades autónomas, o el café para todos ha funcionado una vez más?

La Ley de Salud de Galicia del 2008 fijó como principios rectores de la sanidad gallega la integración funcional de todos los recursos sanitarios públicos; la participación e implicación de los profesionales en el sistema sanitario; la promoción del uso racional de sus recursos; la acreditación y evaluación continua de los servicios sanitarios prestados en la comunidad autónoma; la descentralización, desconcentración y autonomía en la gestión de los servicios; la eficacia, efectividad y eficiencia en la gestión de las organizaciones sanitarias; así como la coordinación de los recursos sanitarios, sociosanitarios y de salud laboral. ¿Es todavía posible buscar el mayor consenso político y acuerdo social en torno a esos principios básicos? Nos jugamos mucho en ello. Ojalá que la confianza pudiera ser la base de las relaciones entre los agentes sociales que tienen que ver con la sanidad: el mundo sería infinitamente más barato en sufrimiento y en dinero.

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