En el laberinto de las cifras del paro


El Instituto Nacional de Estadística ha modificado las bases censales sobre las que levanta las proyecciones de su encuesta de población activa y ha dejado perplejo a más de uno. De entrada porque reconoce un mayor número de parados a finales del pasado año (más cerca aún de los seis millones) pero, sin embargo, concluye que la tasa de paro es algo inferior a la anteriormente publicada. Un problema que engorda (en personas) y al tiempo se reduce (en porcentaje). Para unos un desastre, para otros un éxito. Decida usted mismo.

Pero más allá de los juegos malabares derivados de comparar dos series no homogéneas (la base anterior y la nueva base), lo que no he visto recogido es lo que nos dicen los nuevos datos sobre lo que ha sucedido en España durante el año 2013. Solo ya con los datos de la nueva serie homogénea.

Y cuando uno compara las cifras del último trimestre del 2012 con las del último trimestre del 2013 (que es el último dato hasta ahora conocido) observa dos cosas fundamentales. La primera, que en España se han destruido en dicho período algo más de doscientos mil empleos, y la segunda, que, mientras esto sucedía, reducíamos la cifra de paro estimado en casi cien mil personas. De nuevo un problema que engorda (más empleo destruido) y otro que se reduce (menos parados estimados). La decisión sobre con cuál de las dos cosas quedarse pasa por considerar que estamos generando emigración neta, tal como días pasados recogía el padrón de habitantes, y que muchas personas han desistido de buscar un empleo cada día más improbable. Es así como mientras un problema engorda, el otro puede parecer que se aligera.

Esto mismo es lo que habría sucedido en Galicia: en el último año se han perdido más de 30.000 empleos, pero el paro ha bajado en cuatro mil personas. Miles de personas en el laberinto de la emigración o el desánimo.

No obstante, el próximo lunes, ya con los datos del primer trimestre de este año y con esta nueva serie, podremos aclarar algo fundamental para calibrar la recuperación que pregonan los banqueros y sus capataces gubernamentales: si dejamos de destruir empleo en los últimos doce meses (lo que sería una buena noticia) y si con ese positivo ritmo será para esta década, o para la siguiente, que recuperemos los niveles de empleo previos a la crisis. Porque si queda para la siguiente puede que muchas cosas, y personas, no aguanten tan larga espera.

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