Está aún fresca la polémica que desató el decreto ley de la Xunta que establece que las personas que necesiten una prótesis deberán adelantar el pago de la misma, que después recuperarán... parcialmente. Un nuevo tijeretazo en ese imparable proceso de hacer jirones el sistema público de salud, como otras tantas cosas que nos distinguían por un lado, de las economías más empobrecidas y, por otro, de los modelos más crueles. El argumento es sencillo: la caja del Estado -en todos sus niveles administrativos- no tiene fondos suficientes para atender todas las necesidades de los servicios públicos. Incluso de aquellos cuya carencia hace de la vida de la gente sencillamente un calvario.
Pero la televisión pública, que como los hospitales, las escuelas o las carreteras, se financia con los menguantes recursos de los ciudadanos que no llegan para abonar prótesis y otras necesidades, puede mantener en antena un programa de limosna y socorro por el que su presentadora dicen que cobra 1.400 euros cada día que asoma a la pantalla. En el colmo del despropósito -y también de la crueldad-, en el espectáculo de ayer el objetivo era recaudar entre la audiencia los 11.000 euros que necesita una mujer de Navarra para reponer las dos prótesis que sustituyen a las piernas que perdió en un accidente de tren. Se ve que el erario no puede hacerse cargo de unas piezas que se pagarían con el sueldo de ocho días de la presentadora.
Si este es el modelo de servicios sociales que está ejecutando el clan gobernante, no es extraño que les irriten hasta los informes de Cáritas. Da pavor: nos quieren entretener con nuestra propia miseria.