La crueldad del mar

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

Ayer nuevamente. Cada cierto tiempo amanecemos sacudidos por una tragedia en el mar. Esta vez sin sobreponernos del Santa Ana y de otras varias tenemos que afrontar la de las Cíes. Porque el mar, y en Galicia sobre todo somos mar, tiene la mala costumbre de darnos zarpazos cuando menos lo esperamos.

Solo la gente del mar comprende a la gente del mar. Quizás porque como decía Borges, el mar es un antiguo lenguaje que hay que saber comprender. Y los que no sabemos del mar somos incapaces de llegar a adivinar el riesgo y la dureza que supone buscarse el pan en el infinito. Nos lo explicó, al tiempo que nos lo reprochaba, aquel niño de O Grove cuando la plaga del chapapote. «Non saben nin o que somos. Chámannos pescadores e somos mariñeiros».

Por eso los que no entendemos el antiguo lenguaje del mar, que decía Borges, deberíamos de ser profundamente respetuosos y comprensivos por quienes hacen su vida entre las olas para que los demás podamos alegrar nuestros paladares. Respetuosos y comprensivos siempre; no solo en el drama, sino también cuando se manifiestan en O Hórreo pidiendo trabajo. Porque un mariñeiro no es un periodista, un parlamentario, un policía, ni un delegado del Gobierno. Es un héroe. Y ya Joseph Conrad, que escribió más que nadie sobre los océanos, dejó dicho que «el mar nunca ha sido amable con el hombre; como mucho, ha sido el cómplice de la crueldad humana».