Procrastinación irresponsable

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

La diferencia entre la sorpresa y el suspense en el cine se la explicó magistralmente Alfred Hitchcock a Françoise Truffaut. En el primer caso, en la pantalla aparecen dos personas teniendo una conversación anodina en torno a una mesa sin que suceda nada especial. Y, de pronto, bum, una explosión. En el segundo, el público ha visto a un anarquista poner una bomba debajo de la mesa en la que ahora conversan esas dos personas. Los espectadores saben que la bomba estallará a la una y que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado). La misma conversación anodina se vuelve de pronto estresante. El público tiene ganas de decir a los personajes: «No deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar». En el primer caso, ha habido 15 segundos de sorpresa. En el segundo, quince minutos de buen cine y angustioso suspense.

La segunda escena es la que mejor describe la situación en la que se encuentran en este momento la mayoría de los ciudadanos españoles. Saben que se acercan momentos trascendentales para España y que está en marcha una cuenta atrás sobre posibles acontecimientos con consecuencias gravísimas. Y, sin embargo, observan cómo los representantes políticos siguen enredados en trifulcas absolutamente banales y actúan como si desconocieran esos peligros. Los españoles tienen ganas de decirles: dejad de actuar como estúpidos y poneos manos a la obra para cortar el cable rojo de la bomba (o el azul, nunca he sabido cuál es) antes de que estalle.

Tenemos por ejemplo a un presidente del Gobierno que nos repite cada día la salmodia sobre la trascendencia de las próximas elecciones europeas y lo mucho que se juega España en esos comicios. Y que, sin embargo, se empeña en alargar el juego infantil de no designar al candidato del PP. Al parecer, es más interesante dejar descolgada a la candidata del PSOE obligándola a esperar eternamente a su contrincante que explicar las propuestas del PP para salvar el bloqueo de la Unión Europea. Tenemos también a un líder del PSOE consciente de que su partido se juega su futuro en las primarias de noviembre. Pero que, en lugar de ayudar a organizar un relevo ordenado, fomenta el caos interno posponiendo la decisión de anunciar si optará o no a ser el candidato.

Y tenemos por último a un presidente del Gobierno y a otro de la Generalitat que saben que se acerca la fecha fijada para celebrar un referendo ilegal. Algo que podría tener consecuencias catastróficas si no se alcanza antes una solución. Y que, en lugar de tratar de desactivar esa bomba, siguen acelerando sus respectivos bólidos desafiando al rival a que sea él quien frene antes o se exponga a caer por el precipicio si no lo hace. Lamentablemente, la tendencia constante de nuestros políticos a procrastinar no es un ejemplo de buen cine como el de Hitchcock, sino un acto de cobardía política irresponsable.