El cerdo Cholo


Desde hace siete años se viene librando a diario en este periódico un auténtico drama agropecuario. Desde los Estados Unidos, por razones que desconozco, un joven broker de Goldman Sachs ha colgado su corbata, se ha comprado un sombrero de paja y ha montado una minúscula granja con vaca loca, cerdo irresponsable y gallo portugués. Allí, con tenacidad e ilusión está intentando salir adelante día a día, pero su capacidad de liderazgo, que tan bien funcionaba en los mercados de futuros financieros de la city, cae siempre en saco roto. Su gorrino contempla las hierbas y los gusanos con porcina filosofía. Juega al tenis o al ajedrez con el granjero y, tumbados ambos boca arriba sobre un dolmen en las noches de agosto, contemplan con curiosidad cosmogónica las lágrimas de San Lorenzo. El granjero americano se llama Thom, y el cerdo que le busca las cosquillas, al que sólo amarga el sentimiento fatalista de que llegue su san Martín, atiende al nombre de Cholo. Ambos, salen cada día de la línea limpia y la inteligencia de un dibujante gallego, Andrés Meixide, que está construyendo, con su tira cómica, una de las obras de periodismo gráfico más importantes de Europa y que puede competir en perfecta igualdad con cualquiera de las que ahora se están publicando en los grandes diarios americanos. Esta semana una editorial madrileña, Reino de Cordelia, ha sacado un precioso volumen con más de seiscientas tiras publicadas en todos estos años. Los lectores de La Voz -y los otros- estamos de suerte.

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