De un país esperanzado

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

25 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace unos años, a petición de parte en este periódico, me reconocía más del 78 que del 68. Para quienes por entonces andábamos por alcanzar la treintena, lo sucedido en nuestra Península desde la revolución de los claveles daba esperanzas a muchas de las expectativas que se nos habían ido abriendo desde los años sesenta, tanto con aquel mayo mitificado como con el 72 civil y obrero de Ferrol y Vigo y de tantas Españas. En el 78, con el fondo de Luis Cilía y Raimon, la educación sentimental se ampliaba en Vigo desde el Armando de la Falperra, a aquel Amarante con fados portugueses de Miro y Fernando en los recovecos de aquella calle Canceleiro.

Si ustedes observan a los políticos como los que hoy nos gobiernan comprenderán que consuela reconocerse en aquellos años de Adolfo Suárez. Desmesuras ominosas como las del presidente de Madrid calificando de nazis a los manifestantes por la dignidad, o la afrenta guerracivilista del portavoz popular Hernando hablando de padres muertos y dinero, hacen que la capacidad de diálogo y de pacto, de respeto y convencimiento democrático de Adolfo Suárez y sus trabajos en el difícil final de la dictadura nos permitan vernos todavía como el país esperanzado que fuimos.

Suyas han sido las elecciones, la amnistía, la Constitución y el reconocimiento de Cataluña y el País Vasco, pero sobre todo aquellas leyes y pactos que nos permitieron sentirnos ciudadanos en un país y una sociedad nuevos: la reforma fiscal, los pactos de la Moncloa, la ley del divorcio, la valentía de integración de quienes abandonaban el terrorismo. Siempre con la aterradora losa de ETA y los Grapo, de los golpistas y la ultraderecha agitando el descontento militar, mientras se vivía una grave crisis económica y energética.

La derecha rehecha (ideológica, económica y eclesial), pasado el sofocón de la muerte de Franco, reconducido el proceso portugués y acotado el de España, había decidido recuperar sus posiciones políticas más conservadoras, reventando para ello la UCD y el Gobierno de Adolfo Suárez. Por más que para ello nos viéramos en un golpe de Estado, y tuviera que pasar un tiempo de Gobierno socialista, hasta lograr refundar la gran derecha o, en palabras de Fraga, la mayoría natural. Una mayoría que en el poder se muestra altanera, poco dada al diálogo, dicta leyes de ideología excluyente y protege a los arrebatacapas de lo público. También por dejadez, errores, intereses y sometimientos del centroizquierda y de nosotros, los ciudadanos.

Adolfo Suárez, a quien no dudo que ahora honraremos, también quienes lo apartaron, merece el respeto de quienes hemos podido vivir en una sociedad mejor por sus trabajos. De su tiempo llegó la esperanza.