Está a punto de irse el mes de piscis. Ese signo acuático que multiplica los sentimientos como pocos en el zodíaco. Ya sé que el zodíaco es una tontería, pero una tontería tan entretenida. Y, a veces, hay personas que se parecen tanto a sus signos. Se va el mes de piscis y los que han cumplido años han pasado por ese momento que es una frontera. Necesitamos compartimentar la vida. Es curioso. Utilizamos todas las fechas señaladas para marcarnos antes y después. Somos agendas. Nos apoyamos en el calendario. Para los niños, los cumpleaños son solo regalos. Pero a medida que se reflexiona son otros los matices que llegan. Y el cumpleaños sigue siendo dulce, pero trae otros botines que van más allá del regalo. Cuando se van cumpliendo más décadas, trae el extraordinario botín de seguir vivo. La fiesta que es respirar y vivir. Y, cómo no, los cumpleaños son el momento de darnos un repaso, en lo bueno y en lo malo. Es otra de esas fechas de calendario para hacer la lista de propósitos de enmienda que jamás llevaremos a cabo. Igual que en Navidades, igual que a la vuelta del verano. Igual que cuando quemamos todos nuestros demonios en el San Juan. No lo duden: siempre es mejor cumplir que incumplir, ¿no?