Preysler y Cisneros


Bien decía Cristo que la fe mueve montañas, una sabia sentencia que, por cierto, por las fechas en que yo esperaba ir al cielo no me resultaba muy creíble. Con los años, comprobé que todas las personas que movían montañas en los más variados campos tenían una fe a prueba de bombas nucleares. Un ejemplo de persona que tiene una fe incombustible -y, en primer lugar, en la religión católica y, en segundo lugar, en Porcelanosa y otras buenas compañías- es Isabel Preysler. Una reciente noticia cuenta que bautizó a una hija a espaldas de su marido Miguel Boyer que, como mínimo, es agnóstico. ¿Es comprensible el bautizo de la niña cuando hay disparidad de criterio entre madre y padre? Comprendo a Isabel Preysler porque, si la niña llegaba a morir por aquellas fechas sin bautizar, le esperaba un limbo para toda la eternidad. Isabel Preysler emuló a Cisneros, el cardenal de España que, en la Granada de 1499, bautizó a muchos hijos de elches -cristianos convertidos al islam- sin el consentimiento de sus padres. A la madre de Juan Pablo II se le murió un hijo sin bautizar y sufrió la tragedia del limbo durante toda la vida. En el 2007 Benedicto XVI, inspirado por el Espíritu Santo, de un plumazo papal, redujo el limbo a una simple hipótesis teológica.

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Preysler y Cisneros