A sí hay que mezclar los nombres cuando lo merecen. El arte es de todos. Pasa el tiempo y los genios se parecen tanto que se pueden cruzar sus apellidos. Es una raza especial lo de los maestros de las carambolas del lenguaje, la de los expertos en que prendan las ideas. El director de cine que nos sorprendió con Buried (sí, la historia del hombre que se queda sin tiempo encerrado en un ataúd con un móvil y un mechero) publica un libro absolutamente genial con sus tuits, o lo que él prefiere llamar antiaforismos. A las tres son las dos (editorial Delirio) es el título. Y ahí viene el cruce. El cruce total entre este Rodrigo Cortés que dispara con arma corta con sus frases que valen un millón de pensamientos y aquel Ramón Gómez de la Serna que gobernó el Madrid de cambio de siglo con sus greguerías fascinantes. Ha nacido un nuevo creador. Alguien al que podíamos llamar Rodrigo Cortés Gómez de la Serna. Comprueben: «El humor limita al norte con Francia». O «mi comida favorita es repetir». O «a mí Madrid y Barcelona me dan igual, a mí lo que me gusta es el AVE». Y «no practiques la ironía si tienes la intención de aclararla» o, uno de los mejores, «algún día, hijo mío, todo esto lo deberás tú». Nada que envidiar a aquellos míticos fogonazos de De la Serna: «Los globos de los niños van por la calle muertos de miedo». Tanto monta, monta tanto. Viva el in-genio ingenioso, hidalgo siempre.