Si cada vez que abriéramos una bolsa de patatas nos encontráramos con tres o cuatro en estado putrefacto sus ventas caerían en picado. Unas cuantas patatas malas por bolsa serían suficientes para concluir que «todas las bolsas de patatas están malas». ¿Qué sucede cuando la bolsa de patatas es la democracia y lo que está en putrefacción políticos cuyos actos son ilícitos penal o moralmente, lo cual debería inhabilitar de igual modo para el desempeño del «servicio público»? Ahí están, nítidos, los resultados de la encuesta de Sondaxe. Obviamente, las amenazas consecuencia de esta percepción de la ciudadanía superan con mucho al ejemplo de la bolsa de patatas, pues así como para los tubérculos existen alternativas como el arroz, el maíz o las castañas, la democracia no tiene sustituto bueno. La situación, pues, más que grave, es gravísima, y debería conducir a actuar de manera contundente (reflexionar se supone que ya lo habrán hecho...) a unos dirigentes políticos que aún no entienden por qué la inmensa mayoría de los ciudadanos creen que la política es sinónimo de corrupción, cuando son ellos los responsables últimos, algunos por acción, el resto por omisión, de que así sea.