Trampa mortal

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

21 feb 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Quién recuerda cuántas personas murieron ahogadas en la última tragedia de la emigración en Lampedusa. Muchas, muchísimas. Pero el dato se nos escapa, eclipsado por cualquier otro acontecimiento que nos conmociona de manera eventual. Lo mismo sucederá con las víctimas del dramático caso de los inmigrantes que perecieron en aguas de Ceuta mientras a su alrededor impactaban las bolas de goma disparadas por los vigilantes de la frontera. A veces las normas y los acuerdos internacionales acaban siendo tan absurdos que la discusión obvia lo fundamental: una docena de personas en peligro no fueron socorridas y murieron en el mar.

España tiene encomendado el papel de cancerbero de la puerta sur de Europa, que por caprichos o anomalías de la historia está enclavada en el norte de África. Y en ocasiones lo cumple con tanto celo que quienes osaron tirarse al mar para nadar hacia la ilusión de una vida mejor son acompañados en sus últimas brazadas con una lluvia de munición disuasoria. Los agentes que vigilan las fronteras actúan según lo que ordenan los protocolos que ellos no han inventado, pero tampoco sería necesario, en medio de la tragedia, que sus jefes empleasen ese tono bravucón y desafiante. Como si lo grave fuesen las voces que se levantan contra un proceder que se ha demostrado inhumano y no unos métodos que no han servido para garantizar la vida a los inmigrantes.

Olvidémonos. No van a dejar de llegar cientos de miles de personas que huyen de una miseria que casi somos incapaces de imaginar. Y Ceuta y Melilla serán una anacrónica y desalmada trampa mortal.