¿Otra vez señores pasajeros?


Se comenta estos días que la comisión del Parlamento Europeo encargada de la seguridad en el transporte aéreo pretende actualizar su normativa y unificarla en cuanto a las indemnizaciones a los pasajeros por cancelaciones y retrasos, así como en lo relativo a los equipajes de mano y paquetes que se podrán subir a bordo.

Mucho han cambiado las cosas para los pasajeros desde que el transporte aéreo se vio sacudido por los atentados del 11 de septiembre. Hasta entonces solo se sometía al pasajero a un somero examen para comprobar que no llevase consigo armas que le permitieran secuestrar el avión, lo que se llamaba el «apoderamiento ilícito de aeronaves en vuelo». El 11-S lo cambió todo. Todos podíamos ser terroristas y pasamos de ser señores pasajeros a ser viles sospechosos a los que hay que vigilar. Cremas bronceadoras, botellas de agua, colonias y cualquier líquido que el pasajero pretendiese subir al avión y no lo hubiese adquirido en las tiendas del aeropuerto, que se encuentran una vez pasados los controles de seguridad, pasaron a ser nitroglicerina camuflada en envases cosméticos y todos esos envases nos eran confiscados sin consideración alguna. Luego, a bordo se nos cobraba un euro por una botella de agua para poder tragar una pastilla contra el mareo.

Si el vuelo se retrasaba dos horas o se cancelaba, se nos invitaba a un mínimo refrigerio y se nos pedía paciencia, se nos mandaba a casa, o a un hotel, a veces este a cuenta de la compañía aérea. El que tuviese algo que reclamar, que escribiese una queja.

Europa ahora pretende que retrasos, cancelaciones y sobreventas (overboooking) sean indemnizables de oficio y casi de forma automática, sin necesidad de que sea el pasajero el que, con su reclamación, promueva un expediente ante la autoridad aeronáutica de cada país, la cual daba traslado de la queja a la compañía transportista, que resolvía según su criterio.

Si a eso añadimos que ahora nuestro abrigo o gabardina, junto con un paquete o una bolsa de mano, nos puedan acompañar al avión donde, en caballerosa confrontación con el resto del pasaje, demostraremos maña y habilidad para colocar todo en los compartimentos existentes para ello, no puede negarse que eso sea una mejora. Parece que sí.

No creo que con estas nuevas normativas europeas vayamos a volver a los tiempos en los que las compañías rivalizaban en ofrecer al pasajero, solo por el hecho de serlo, la mejor atención. Los pequeños lujos -el espacio extra para los pies o para poder leer cuando el usuario del asiento de adelante decide dar una cabezada- junto con las copas y los menús especiales se seguirán pagando.

Solo pedimos a Europa que, ya que pagamos, se nos reconozca como personas a las que un retraso o una cancelación nos suponen tiempo, trastornos y dinero; y que por ello se nos compense sin necesidad de farragosos trámites y papeleo. Aunque sigamos siendo sospechosos de ser terroristas y como a tales se nos haya tratado en el aeropuerto.

Santiago Tena Paz es Abogado, diplomado en Derecho aeronáutico y piloto civil.

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¿Otra vez señores pasajeros?