La Pokémon es el Callejón del gato de la edad que transitamos: corrupta. Tiempos en los que la estupidez, que es una variante del esperpento, ha alcanzado cotas insuperables. Hoy recuerdo el ensayo que sobre la estupidez, precisamente, escribió Carlo M. Cipolla. Dice que las sociedades inteligentes progresan y sus contrarias, reinos donde la idiocia gana partido, reculan y se retrasan. Incluso dibuja el ensayista diversos tipos de estúpidos. Me centro en dos: los inteligentes, que se benefician a sí mismos y no perjudican en exceso a los demás; y los bandidos, que perjudican a los otros mucho más de lo que se benefician a sí mismos. El estúpido bandido es el corrupto paradigmático de la Pokémon y demás corrupciones políticas recientes. Son los que han manipulado el precio de las concesiones. Los que han realizado obras innecesarias para sacar, en B, provechosa tajada. Los que han salteado las arcas públicas sin escrúpulos. Son ordinarios, vulgares, zafios absolutamente. Y el dinero no les otorga mayor intelecto o juicio. A mí me repugnan. Nos han esquilmado a todos. Son responsables de lo peor que nos ha sucedido en esta crisis: nos arrebataron el bienestar, pero también la esperanza y la certeza de que otra política y políticos son posibles. Sus diálogos en clave o sus apodos, tan palurdos y mentecatos, son su particular diccionario. Deseo que la Pokémon llegue a su fin. Y que devuelvan a la sociedad lo que le han robado: la decencia en el servicio público? y el dinero que en billetes o especie se han llevado. Para la gente honrada será un consuelo.