Del luto al alivio

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

Dieciséis meses de incertidumbre dan para mucho. Sobre todo en un lugar en el que los obstáculos se han ido tapando con promesas incumplidas durante años y años. Dan para que muchos ciudadanos de buena voluntad pensasen que el compromiso para la construcción de los floteles era otra artimaña más de políticos en campaña. Y dan, cómo no, para que profesionales de la política más marrullera lo utilizasen en esa lucha en el fango que tanto les entretiene, a unos y a otros.

Por fin, con más de un año de retraso, se confirmó la noticia que tanto se esperaba. Y ya se había dicho que no podía ser de otro modo: lo contrario hubiese dejado en un lugar de difícil retorno a quienes protagonizaron esta larga historia de intriga. A Pemex, la cuarta petrolera del mundo, que sabe que la credibilidad vale muchos millones de dólares en los mercados internacionales; a los presidentes de Navantia y Barreras, que pusieron su firma en unos papeles nunca exhibidos públicamente, y sobre todo al presidente de la Xunta, que comprometió no solo su palabra sino la de todo su partido -con gobierno también en Ferrol y buena parte de la comarca- en una operación que, por lo que se vio después, entrañaba bastante riesgo político.

La operación de Pemex apadrinada por Feijoo salva al astillero de Vigo, que estaba moribundo, y supone un balón de oxígeno para el de Ferrol, un parche a un problema de mucho más calado y complejidad. Del luto al alivio. Es momento de saludar la determinación de Feijoo para atraer la atención de Pemex hacia el naval gallego. Y de pedirle que no ceje. Como él mismo reclamó a Navantia, que todos «muevan el culo». O nos hundimos.