«La ley del silencio»


Con ocho basta, se podía decir de ella. Ganó ocho Óscar, pero podía haber ganado muchos más. Es una obra maestra. Una de esas películas que jamás se olvidan. Que se pueden ver una y otra vez hasta que te duelan los ojos y te sangre el corazón. Marlon Brando está increíble. Es una de sus mejores actuaciones. Y decir eso con Brando es mucho decir. Es un filme que está a la altura de los imperios, a la altura de Casablanca, de El crepúsculo de los dioses, de El apartamento (y ya digo dos de Billy Wilder), de la primera parte de El Padrino, de Eva al desnudo. Cuando un equipo humano está en estado de gracia hace cosas como La ley del silencio, artefactos perfectos e imperfectos a la vez. Redondos y llenos de aristas como la vida. Eva Marie Sant está inmensa, un ángel rubio. Imposible olvidar el beso con Marlon Brando. Pero ante los ojos mucho más que amor. Ante los ojos el espectáculo de la delación, del orgullo, del honor, de la explotación. Elia Kazan es el director de esta orquesta de sentimientos, de palizas, del ser humano pisoteado que se levanta herido, pero se levanta. El conflicto de vivir con la cabeza elevada. Son 108 minutos. Era el año 54. Quedó para siempre.

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«La ley del silencio»