Ortega Cano patina


Concepción Arenal, experta en prisiones, acuñó en el siglo XIX la sabia sentencia de aborrecer el delito y compadecer al delincuente. Pero, si Concepción Arenal está siguiendo hoy en el cielo el caso del homicidio imprudente perpetrado con su coche por José Ortega Cano, ¿seguirá todavía manteniendo que hay que compadecer al delincuente incluso en este caso? Concepción Arenal pensará, sin duda, que, en primer lugar, hay que compadecer al conductor que falleció en la colisión, Carlos Parra, y a su viuda y a su familia que, tras la muerte de su familiar, está, además, sufriendo las maniobras retardatarias -una petición de indulto- que el extorero está haciendo para no entrar en prisión a cumplir la pena de dos años y medio a la que ha sido condenado por tres delitos (homicidio imprudente, conducción temeraria y contra la seguridad vial en la modalidad de conducir con 1,26 gramos de alcohol por litro en sangre). Los delitos son gravísimos. Y es también muy grave delito moral que Ortega Cano ni haya pedido perdón a la familia del fallecido, y que, en una reciente entrevista televisiva, haya mentido -ha negado que hubiera bebido- y, además, haya pedido ese tan bochornoso como legal indulto que el Estado utiliza para librar de la cárcel a sus protegidos, que, con mucha frecuencia, son políticos corruptos.

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