La trampa

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

Se supone que la gran ventaja de la autopista que une la franja atlántica de Galicia es la vertebración del país, al menos de su parte más poblada e industrializada. La permeabilidad del territorio y los intercambios fluidos de las personas han sido una consecuencia evidente de la puesta en marcha de la vía que conecta Ferrol y la frontera con Portugal. En torno a las ciudades se consolidaron áreas urbanas mucho más integradas y se favoreció el movimiento entre ellas. Muchas personas tomaron decisiones que afectan a su vida laboral y a su organización familiar en función de las posibilidades que le ofrece la autopista para realizar desplazamientos diarios con rapidez y seguridad. Muchas empresas ampliaron sus horizontes territoriales por la misma razón.

Desde hace seis años la autopista viene acumulando pérdida de usuarios. La crisis habrá afectado, claro, porque a menor actividad y empleo, menos movimiento de personas y mercancías. Pero el encarecimiento de los peajes, que para trabajadores con salarios menguados puede ser desorbitado, es la razón por la que seguramente muchos usuarios han decidido dejar de utilizarla. Y están en la trampa, porque las alternativas por las carreteras convencionales son casi inviables.

Más de siete euros diarios para trayectos de ida y vuelta entre ciudades tan próximas como A Coruña y Ferrol o como Vigo y Pontevedra, o más de 30 euros (cinco mil pesetas) entre las dos ciudades más pobladas de Galicia son precios inasumibles para desplazamientos diarios. Galicia, a nuestro pesar, sigue en puestos de cola en renta disponible, pero pagamos peajes de ricos. Un despropósito.