El presidente tiene un plan

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

22 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Teoría personal, pero creo que compartible: cuando un presidente de Gobierno decide acudir a una televisión, es que quiere o necesita enviar un mensaje al país. Zapatero, por ejemplo, utilizó la televisión pública para enviarle a ETA el recado de que aceptaba negociar. Ahora, después de escuchar a don Mariano Rajoy ante el sacacorchos de Gloria Lomana, considero procedente preguntar: ¿A qué fue el presidente a Antena 3? ¿A repetir que lo peor ha pasado y que la recuperación asoma? Para eso no hace falta tanta parafernalia. ¿A mostrarse descafeinado ante la reforma del aborto? Eso no tiene sentido. ¿A preparar el próximo encuentro con Urkullu, diciéndole por adelantado que no piensa corregir la política penitenciaria? Eso se arregla en una llamada telefónica. ¿A defender como defendió la inocencia de la infanta? Espero que no, porque eso sería -y lo ha sido- meter la mano en el avispero de la independencia judicial.

Después de repasar todas las posibilidades, he llegado a una conclusión: Rajoy decidió ir a televisión a contarnos que tiene un plan; un plan para acabar con las veleidades secesionistas de Cataluña. Por propia iniciativa o al ritmo de las preguntas de Lomana, dejó establecido el siguiente cuadro de mensajes: para los mercados que hablan de Cataluña como una amenaza a la recuperación, el compromiso de que nunca habrá consulta ni independencia; para quienes dudan de su autoridad, el reto que asume de forma personal: «mientras yo sea presidente»; para el señor Mas, la réplica directa a su oferta de mano tendida: si quiere hablar, que le llame, que la Moncloa no lo llamará; y para todos aquellos que acusan a Rajoy de inmovilismo, de falta de ideas o de no actuar contra la riada soberanista, la respuesta de que él tiene un plan que todavía no puede revelar para no mostrar sus armas al adversario.

Ya era hora de escucharle algo así, porque lo que estábamos viendo hasta ese momento era, efectivamente, que se dejaba avanzar la hoja de ruta de la consulta y la independencia sin ninguna resistencia del poder central. Lo único visto y oído por los demás mortales era la apelación a las leyes y a la Constitución, que es lo que menos importa a quien quiere tener sus propias leyes y su propia Constitución. La existencia de un proyecto de freno da idea de que, al menos, hay preocupación. Pero empieza una preocupación nueva: ¿cuándo se pondrá en marcha esa maquinaria? No pregunto en qué consiste, que entiendo que no se debe desvelar. Pero sí pregunto por el calendario, porque la independencia en Cataluña, o al menos la consulta, ya no es un capricho de políticos, sino un movimiento popular. Y me temo que todo llegue demasiado tarde, cuando todo tenga mala solución.