Conmoción en Cervo

OPINIÓN

Todo indica que nos hallamos ante el segundo caso de violencia de género en nuestro país en lo que va de año. En la localidad lucense de Cervo hallan muertas, con signos de violencia, a una madre y su hija, siendo el marido de esta última, quien ya ha sido detenido, el que previamente a ser apresado puso los hechos en conocimiento de la Guardia Civil. De confirmarse esta sospecha, una vez más la pareja del presunto asesino jamás presentó denuncia alguna, lo que debe ponerse en relación con el hecho de que cuanta estadística se consulte informa que los maltratadores nunca terminan con la vida de su compañera a la primera agresión, sino tras numerosas palizas que jamás fueron denunciadas. El gran problema de esta lacra. Lo que podemos denominar pasividad de la mujer maltratada ante su principal problema, ya sea por infundadas esperanzas en que todo cambie, miedo insuperable, temor a la soledad, carencia de recursos económicos, etcétera. Mientras, el presunto asesino estará empezando a desmoronarse, igual que el Raskólnikov de Dostoievski en Crimen y castigo. Se encontrará con que el mayor castigo para su crimen es su propia conciencia, un castigo psicológico que nace de su lucha interna, ya que el conocimiento y sentimiento del bien y del mal lo tenemos todos aquellos que estamos en nuestro sano juicio, y al final, se constituye en la pena más dura que tiene que soportar hasta el más ruin de los llamados seres humanos. De hecho, me atrevería a asegurar, que de la misma manera que el protagonista de la inmortal novela del genial ruso, el presunto criminal, de serlo realmente, ya estará barajando la idea de confesar su autoría, pues su conciencia habrá empezado a hacer su trabajo. La privación de libertad se acaba sobrellevando. Los estragos de la propia psiquis no los supera cualquiera. Ni siquiera las peores alimañas de nuestra actual sociedad. Los maltratadores. Esos individuos que no soportan que sus mujeres sean algo más que sus esclavas.