En el inicio del nuevo año, parece apropiado reflexionar sobre la realidad mundial del siglo XXI, que ya en su segunda década ofrece un panorama un tanto incierto, con noticias desconcertantes, por lo que resulta difícil relacionarlas con una trayectoria mundial hacia alguna parte. Si contemplamos los grandes poderes continentales, con una geografía propia y su correspondiente estrategia, y consideramos la trayectoria del primer actor mundial, ya estudiada por Brzezinski en El gran tablero mundial (Paidós, 1998), donde se afirma la hegemonía norteamericana, nos encontramos hoy que ha surgido un escenario diferente, donde actúan nuevas potencias emergentes cuyo poder conjunto es superior al de EE. UU., aun añadiendo a Europa.
Veamos el caso de Siria, que estuvo a punto de ser bombardeada con misiles de barcos desplegados en el Mediterráneo oriental, por haber usado armas químicas contra su población y ¿en que quedó?... Pues que el día 22 se va a celebrar una conferencia de paz en Ginebra. Igualmente, hace pocos días el secretario de Estado Kerry viajó a Israel para mediar entre palestinos e israelíes. Proclamó un principio de acuerdo de paz, pero pronto Israel lo rompió, posiblemente por los acuerdos de EE. UU. con Irán. En el Pacífico también se han visto comprometidos por la postura china de reclamar varias islas, afectando a sus alianzas con países tan importantes como Japón y Corea del Sur.
En fin, mi opinión sobre lo que está pasando es que se ha cambiado el orden mundial anterior, con nuevos actores estratégicos que han roto las normas de juego, creando una situación de desconcierto general en donde la ONU no es capaz de garantizar la paz.