Atención, cambio de discurso

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

04 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Gloria bendita, que dicen los andaluces. Los Reyes Magos llegaron por adelantado, entraron en primer lugar en el palacio de La Moncloa, descubrieron los zapatos de Rajoy y dejaron estos presentes: Melchor, una prima de riesgo del no va más, por debajo de los doscientos puntos, que hace las delicias del Gobierno, aunque no consiga subir la Bolsa; Gaspar, una estadística del paro y de afiliación a la Seguridad Social de diciembre que conmovió a la ministra de Trabajo y dulcificó las críticas de la oposición; y Baltasar, un libro de cuentas del paro de todo el año, con un gozoso resultado: Rajoy resultó profeta y hay 147.000 apuntados menos que hace un año en las listas de los servicios públicos de empleo. Dicen que en los ahora desiertos jardines de palacio se oyó comentar bajo la lluvia: este 2014 viene con un pan debajo del brazo.

Hombre, si se hurga un poco en las cifras no todo sirve para cantar las alabanzas del Gobierno y sus reformas, porque todas las primas de riesgo de la periferia europea andan a la baja, el empleo puede ser estacional por las contrataciones de la campaña de Navidad, a lo largo del año hubo 85.000 afiliaciones menos, y el trabajo sigue siendo precario, estacional y me temo que muy barato. Pero hagamos como que no vemos esos detalles íntimos, porque estamos muy necesitados de buenas noticias. Así que vayamos todos, y yo el primero, por la senda de lo que hay que celebrar. Y es mucho. Si a los datos de ayer se le quita la farfolla de la propaganda política, hasta es posible soñar con que las cosas empiezan a cambiar, viene el soñado cambio de ciclo, el entorno internacional nos ayuda y podemos estar, por lo menos, ante el final de la destrucción de empleo. Si es cierto que la crisis terminará el día que llevemos un mes seguido de buenas noticias, parece que estamos en el camino. No será este comentarista quien estropee el festival.

¿Saben lo que resulta más difícil en este trance de optimismo? Tener que cambiar el discurso. Llevamos seis años de crisis, donde cada mañana describíamos la hecatombe. Cada dato que nos llegaba servía para presentar al país el atractivo panorama de la catástrofe. Si un ministro o el presidente anunciaban algo positivo, como hizo Rajoy en su balance del año pasado, nos parecía triunfalista. Hemos perdido la costumbre de alabar algo, sobre todo si venía del Gobierno, aunque el Gobierno no fuese de Zapatero. ¿Y ahora tenemos que cambiar el chip? Esto es una conmoción. Pero no nos desanimemos. Siempre nos quedará Artur Mas para recrearnos con sus desatinos. Siempre habrá algún vasco, ya están asomando, dispuesto a seguir sus pasos. Y todavía nos queda mucho que comentar del empobrecimiento de la sociedad.