Inversión directa, extranjera y atlántica

Albino Prada
Albino Prada CELTAS CORTOS

OPINIÓN

20 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

P ara salir de la crisis financiera y productiva en la que nos han sumido buena parte de los capitanes y supervisores, de la economía española pocos discuten que es imprescindible tener éxito en los mercados exteriores.

En una doble vertiente: comercial y exportadora por un lado, inversora por otro. Vender más en mercados externos y atraer más inversiones desde esos mismos mercados.

Este segundo aspecto es singularmente importante en una economía que tiene a sus agentes económicos (empresas, familias, entidades financieras, Administraciones públicas) endeudadas con el exterior directamente o por vía interpuesta, lo que determina una de las principales debilidades para nuestra salida de la crisis. En esta situación es especialmente valiosa la recepción de inversiones exteriores.

Cierto que una cosa es la localización de una multinacional manufacturera (como en su día fue Citroën) y otra la adquisición de una empresa industrial zombi en una coyuntura crítica (como acaba de suceder con el astillero Barreras).

La adquisición de Novagalicia Banco por el grupo venezolano Banesco entra en este segundo caso. Pero si su oferta no necesitó de una segunda ronda en la subasta del FROB fue porque, con una diferencia de cientos de millones de euros, era la menos lesiva para el bolsillo de los contribuyentes.

Si el Estado, el Banco de España y el FROB forzaron una salida urgente de la condición de entidad pública para NCG la llegada de la inversión directa extranjera de Banesco es, por eso, la opción menos mala. Por eso, por evitar una mayor concentración oligopolista del mercado financiero y por, además, evitar una mayor destrucción de empleo que sus alternativas.

Además el grupo del nuevo propietario manifiesta una vocación territorial con raíces en el noroeste de España y una sensibilidad para con la obra social que era seña de identidad en riesgo de extinción de las cajas de ahorros gallegas. No se puede sino esperar a ver cumplir todos esos criterios y consecuencias.

Porque si esta operación vuelve a vincular a la marca NCG con el tejido empresarial del país, sobre todo con esas tres mil empresas gallegas que son exportadoras y, al tiempo, evita jugar a las burbujas especulativas (inmobiliarias, de deuda pública, de derivados) todos saldremos ganando. Si, en definitiva, se acerca al modelo de banca regional que tan buenos resultados les da a los alemanes cuando conscientemente se alejan de los grandes bancos sistémicos y de inversión.