Un atraco de especuladores

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Esto no es una subida. Esto es un atraco. No hay ninguna razón para que la subasta eléctrica de ayer haya supuesto un incremento del 26,5 %. No hubo esa subida, ni siquiera comparable, en los carburantes necesarios para la producción ni hay ningún otro motivo que pueda entender el consumidor. Hay una pura especulación basada en el único móvil de los especuladores: aprovechar el consumo de invierno para hacer el negocio del siglo. Y no descarten ustedes una confabulación de empresas para alterar los precios. Un aprovechamiento innoble de las torpezas del Gobierno. Algo que no debiera terminar en anulación de la subasta, sino en los tribunales de Justicia.

El resultado será un indecente incremento del recibo de la luz si nadie lo remedia: una barbaridad en un país sometido a una drástica devaluación, desde el valor de los bienes a los salarios. No creo que sea demagogia anotar que, mientras se programa una subida mísera de las pensiones, alguien trame una subida escandalosa de un servicio básico. Tampoco lo es subrayar que, mientras la rebaja salarial se ensaña con quien menos gana, el precio de la luz les impide calentar sus casas. Y no es justo que en un país de tantas rentas de supervivencia se juegue así con lo elemental de un hogar.

Y todo esto se agrava si pensamos que es el primer ajuste del año y después vendrán los de abril, julio y octubre por lo menos. Si al Gobierno le queda algún sentido social, no tiene que pedir una investigación; tiene que anular el sistema y mandar a unos cuantos a prisión.

Y ya que hablo del Gobierno, añado que es poco presentable el espectáculo dado, prometiendo primero que su parte sería asumida por los Presupuestos y rectificando después. Queda en mal lugar la credibilidad de Soraya Sáenz de Santamaría, que hace dos días expresaba su voluntad de frenar la subida, y la han burlado de forma humillante, demostrando que la especulación puede más que la autoridad. Y es oportuno recordar sin acritud que el Rajoy al que hoy hacen esto es el mismo que en el 2010 reprochaba a Zapatero falta de sensibilidad y lo acusaba de negar a los españoles «un cariño por Navidad». Esas palabras, oídas ayer, sonaban con una crueldad que hacía pensar que los discursos políticos solo se diferencian según se digan desde el poder o desde la oposición.

En resumen: burlado el Gobierno, engañados los consumidores, atracadas las economías privadas y arruinados los más débiles. Triste balance de la aventura energética. Y triste destino de una de las reformas más aireadas. El incomprensible déficit de tarifa y la ambición desmedida de unos pocos están machacando a las empresas, a las familias, a las personas. Están machacando a este país.