El fiscal anticorrupción, Pedro Horrach, vuelve a oponerse a la imputación de la infanta Cristina. A la hija del monarca le convendría que de una vez por todas se procediera a su inculpación, pues de esa manera podría defenderse y, si realmente no tiene responsabilidad alguna en el caso Nóos, dejar meridianamente claro ante la opinión pública que la Fiscalía no le está dando un trato de favor, que es lo que muchos creemos. Como jurista les puedo asegurar que la totalidad de los españolitos de a pie serían imputados en un caso similar. Lo que todavía me parece menos de recibo es que el representante del ministerio público critique al juez Castro por investigar a la infanta por lo que es y no por lo que ha hecho. Castro es un magistrado valiente, que busca en base a indicios más que razonables la posible comisión de un delito por una ciudadana, con independencia de que sea infanta de España o perito agrónomo. Lo dice la Constitución en su artículo 14: todos los españoles somos iguales ante la ley sin distinción que valga. Y eso es lo que no parece entender el fiscal Horrach. Como Paco Martínez Soria, don Erre que Erre en la película de Sáenz de Heredia, demuestra contumacia y terquedad a raudales. Prefiero que se trate solo de eso, y no de que haya recibido presión alguna.