Fue el miércoles pasado, pero ya ha sido muchas veces. La diputada Díaz denominó al presidente de todos los gallegos como el Padrino y a su partido como la Mafia. No es una cuestión política, sino humana. Hay quien usa el Parlamento como cuna de oprobio y ofensa. Piensan, imagino, que este pérfido teatro del vilipendio les dará votos. Pero ignoran que la sociedad gallega, o sea, la mayoría que ellos no representan, se ha hartado de la puesta en escena de AGE, a la que el BNG sigue el compás en sus días menos inspirados (el diputado Jorquera habló de la Legión Cóndor y tal y tal). No se puede caer más bajo. Y cuando no se puede caer más bajo ya solo cabe el aliento de subir. Y eso es lo que pido en esta columna: altura. Porque cuando alguien impunemente insulta a Núñez Feijoo y al Partido Popular está insultando al presidente de todos los gallegos y, también, al grupo votado mayoritariamente por el pueblo. Es vergonzoso, humillante. Pero no solo para quien sufre las invectivas y dicterios del ala izquierda del Parlamento, sino, y sobre todo, para todos los hombres y mujeres educados de este país. Respetuosos, serenos, prudentes. Tener el insulto como motivo recurrente es una elección. Quien escoge esta senda va en contra de Nós, de los que aman y valoran esta tierra. Yolanda Díaz y otros conmilitones han elegido bandera: la afrenta. No es la bandera de Galicia.