Pocas cosas quedan por decir del desprecio con el que el Gobierno, los sucesivos Gobiernos, han tratado siempre al sector naval gallego. Y de forma singular a los astilleros públicos de la comarca de Ferrol. Pero por si faltaba algo, ayer el presidente de Navantia, con sus respuestas, y el de la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI), con su desplante, se lo han dejado claro a los alcaldes, concejales, diputados y presidente de la Diputación que han viajado a Madrid para protagonizar una inédita manifestación.
Más preocupante que el nulo compromiso adquirido por el máximo ejecutivo de la empresa motor de la economía comarcal es, tal vez, el mensaje que transmiten -con sus silencios y sus ausencias- los directivos nombrados por el Gobierno y dependientes del ministro de Hacienda, es decir eslabones en la cadena de decisión política que depende del Partido Popular. Los doscientos cargos públicos del PP que ayer se plantaron en la calle Velázquez se han traído lo que era previsible. La constatación de que sus mayores, los dirigentes máximos del PP, tampoco han movido ficha -al menos no con éxito- para rescatar del abismo a una comarca de 200.000 personas.
Si acaso, los 200 cargos del PP se han traído argumentos para que los ciudadanos de Ferrolterra vuelvan a salir a la calle a reclamar lo que desde hace treinta años se les niega. Lo harán esta noche, en una vigilia simbólica convocada por todos los sindicatos, y lo harán el domingo, en una manifestación que se espera masiva, pacífica y unitaria. Porque ante el desprecio continuado nadie puede regatear un esfuerzo.