27 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.
Perder una empresa en favor de capital foráneo no parece noticia de festejo. Cuando esa pérdida supone dar vida a una compañía con un pie en la uvi, se admiten los matices. La mexicana Pemex se ha hecho (a un precio módico) con el control de Barreras, el mayor astillero privado de España, en la segunda gran operación, real, palpable, del gigante petrolero americano (la primera fue en el puerto exterior de A Coruña). Galicia cede el control de una compañía (otra más) de la que dependen unos 4.000 puestos de trabajo. Pero Galicia también recupera un extraordinario activo, parado, en un sector, el naval, en el que resulta más fácil ver a sus operarios cortando una carretera que chapa en los talleres. Miren a Navantia...