Las afirmaciones recogidas en un documento de trabajo que elaboró Navantia para preparar su plan de ajuste suenan a sentencias de muerte, por mucho que la versión oficial insista en que el objetivo es mantener el empleo. En la actual situación, la empresa no es viable, competitiva ni sostenible, según dicen los papeles que manejan los directivos de la compañía pública y que ayer publicó La Voz. La agonía de los astilleros de la ría de Ferrol lleva décadas fraguándose, pero la nefasta gestión de los últimos seis años -cuatro de Zapatero y dos de Rajoy- puede ser el último puñado de tierra sobre el féretro.
Los documentos -hasta ahora solo elementos de reflexión y trabajo, pero que dan bastantes pistas- dibujan escenarios nada halagüeños. En el análisis de la empresa, aun lográndose de inmediato algún contrato -y de momento no existe-, habrá que reducir drásticamente los costes fijos, que en una empresa de estas características son básicamente costes salariales. Es decir, o reducción de sueldos o despidos, una discusión, en todo caso, que tendría sentido si hubiese algo de trabajo. Es el panorama que se deduce de ese documento y del que en Ferrolterra se viene alertando hace tiempo.
La negligente -o diligente, según sean los objetivos- gestión de los directivos tiene culpa. Pero no más que el displicente y hasta hostil trato que le dedica el Gobierno al sector naval en Galicia. Por eso no basta con dirigir los tiros hacia los gestores, como ha decidido hacer Feijoo y todo el PP gallego. Si acaso queda tiempo, salvar o dejar morir al naval, y con él a la comarca de Ferrol, depende del Gobierno. De Rajoy, en este momento.