La paz, en la cuerda floja


El contagio al Líbano de la guerra civil en Siria ha logrado mantenerse en un nivel bastante bajo a pesar de los habituales atentados en Beirut y Trípoli, pero el martes la esperanza de que siguiera así saltó por los aires. Los dos atentados cerca de la Embajada de Irán en el Líbano (en el barrio chií de Dahye, el bastión del grupo terrorista Hezbolá, proiraní y prosirio), que han ocasionado al menos 23 muertos son una afrenta directa a la semitregua. El conflicto civil en Siria, el caos que sufre Irak y la guerra del Líbano desde 1975 a 1990, prolongada en el precario equilibrio étnico, político y religioso, derivan de que los tres países fueron esbozados en el acuerdo de Sykes?Picot de 1916, plasmado después en el Tratado de Sèvres de 1920, sin tener en cuenta la realidad social, étnica y religiosa de los habitantes de estos territorios. Si en Irak el 65-70 % de la población es chií y entre el 25?30 % es suní -los cristianos suponen el 5 %-, en Siria la proporción se invierte: los suníes son un 70 % y los chiíes un 13?15 %, mientras que en el Líbano los cristianos son el 51,1 % frente al 48,8 % de musulmanes (27,3 % suníes, 17,4 % chiíes y 6,8 % drusos). Mantener la paz cuando cada grupo quiere gobernar imponiendo su fe solo ha sido posible mediante la dictadura. La solución lógica es una reconfiguración geopolítica, algo que aterra no solo a Turquía e Irán por su pérdida de influencia, sino a Occidente por los posibles cambios en el suministro de crudo, un suministro, sin embargo, imposible sin paz.

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