Mursi, a juicio


Es la tercera vez que se aplaza el juicio, aunque esta es la primera ocasión en la que se le ha visto desde que fue detenido en julio. Desafiante, vistiendo un traje de chaqueta, en lugar del uniforme blanco de preso, mostraba un buen estado de salud. Parece que los meses de reclusión, lejos de hacerle recapacitar, reforzaron su determinación, manifestada en su insistencia de que sigue siendo el presidente. Mohamed Mursi, el primer presidente elegido democráticamente en Egipto desde su declaración de independencia en 1956, ironías del destino, comparte situación con su predecesor, el odiado Hosni Mubarak. Ambos fueron arrestados por el Ejército y puestos a disposición judicial por los crímenes que se cometieron durante su mandato. Y es que si Mubarak heredó el asiento presidencial dictatorial tras el magnicidio de Sadat y ejerció su mandato con implacable rudeza, Mursi no se caracterizó por ser más contemporizador. Por el contrario, guiado por el líder espiritual de los Hermanos Musulmanes, se aplicó a eliminar cualquier vestigio del pasado, sin consensuar con la oposición y ocupando todos los puestos relevantes por afines sin tener en cuenta su capacidad. El ascenso de Mursi supuso sustituir la dictadura militar por la tiranía religiosa. Nadie esperaba que la transición egipcia hacia una democracia real fuera un proceso rápido y fácil. El golpe de Estado de julio puede suponer un avance, siempre y cuando el Ejército no vuelva a aspirar al Gobierno y se mantenga en su papel de garante de la paz.

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