Ya está dicho. Alice Munro, la nueva premio nobel de literatura, escribe con un compás. Sus palabras tienen precisión de delineante. Goza de una habilidad increíble para dibujar en pocas páginas los planos sobre los que se levantan las grandes acontecimientos de las pequeñas vidas. Escribe sobre los momentos nada corrientes de las vidas corrientes. Su talento radica en que lo hace con una levedad especial. Como si ella solo pasara por allí, por al lado de esos acontecimientos sobre los que muchas veces se refundan vidas o se hunden pasados. Autora de relatos cortos, es la primera premiada con el Nobel que solo se dedica al relato. Pero es una autora de cuento. Alabada por todos, y de forma muy especial por los que se dedican al gremio. Y esto es bien raro. Los escritores suelen practicar el vudú con los que también escriben. Vampiros de las letras y del eco del ego. Munro tiene una especie de superioridad moral sobre todos. Jamás ha participado en la farándula de las letras. Ella es solo sus historias mínimas y gigantescas del lago de Ontario. Empiecen por Demasiada felicidad y leerán a una autora que condensa una tormenta en una frase.