Las ventajas de ser como China

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

Algunos ven con orgullo el hecho de que aquí se fabriquen por fin barcos a precio de saldo oriental. Bienvenidos a la competitividad. Sin entrar en mayores consideraciones, claro. Como si nunca hubiera existido todo lo que se va perdiendo por el camino. Como si debajo de las más vistosas alfombras nadie escondiera el vulgar polvillo. Las apariencias engañan en el Viejo Continente. Tantos años de supuesta lucha social, tantos siglos de presunta cultura occidental para que al final resulte más fácil convertir a países europeos periféricos en productores baratos con maneras chinas que lograr que el gran dragón vaya entrando en la senda de la democracia y de ciertos derechos que parecían básicos. Y se vende como un win win, esa expresión anglosajona tan mascada como el chicle que da a entender que en una operación solo hay ventajas porque todo gana. Quizás aquí todavía existe una frontera. Por ejemplo, aquí todavía parece que pesan más los muertos que en otras latitudes. Sucede en la minería. O en el mar. La vida, en principio, tiene cierto valor. Su fin sigue siendo una tragedia. Puede que no exista un escollo moral real para que así sea. A lo peor es solo una cuestión demográfica e invirtiendo totalmente nuestra ya pirámide invertida se daría la pirueta definitiva. Es decir, que en el momento menos pensado si se disparan los habitantes de Grecia and company, los potenciales trabajadores, se alcanzaría la penúltima conquista salida de esta crisis económica. Resumida en frase de cualquier abuela de estos lares, «que non haxa tanta perda da xente».