Se acaba de celebrar en Barcelona el Foro del Mediterráneo, de carácter económico. Es evidente el interés europeo por la paz y estabilidad en esta región, por lo que fomentan el desarrollo económico y social de los países del norte de África. Pero no se puede pasar por alto la importancia de otra cumbre, la iberoamericana, que se acaba de celebrar en Panamá.
La atención por parte de los países ibéricos hacia la llamada América Latina debiera ser máxima en estos tiempos de globalización y reorganización del mundo. Las cumbres iberoamericanas, que se iniciaron en 1995 con 22 países para hablar de proyectos culturales, han ido perdiendo interés para los países americanos en la misma medida que se han ido desarrollando en una economía acelerada, como es la de México y Brasil. Por eso se están formando nuevos grupos en América Latina. El último es la Alianza del Pacífico, que se reúne desde 1991 y está ya en su séptima cumbre, caminando hacia la unión política y mirando más hacia el Pacífico asiático que hacia el Atlántico europeo. Es por eso que España y Portugal pueden quedarse marginados, a no ser que intensifiquen las relaciones diplomáticas, financieras y comerciales con los países del otro lado del Atlántico y coordinen sus esfuerzos de política exterior.