Para entender a Rubalcaba

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

16 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Tiene razón Carlos Herrera: Alfredo Pérez Rubalcaba puede plantear grandes debates, alumbrar ingeniosas iniciativas, proponer históricas reformas o declarar la guerra a Rajoy. Todo eso puede hacer; pero, cuando se pone delante de periodistas, lo primero que le preguntamos es qué hay de las primarias. E incluso no hace falta que se siente con periodistas. Basta una reunión en Bilbao y se levanta una jovencita de esas que le salen de vez en cuando al PSOE y le dice que el partido necesita un líder y a ver qué pasa con las primarias. Cada cual lleva su cruz, y esa es la cruz de Rubalcaba. Se comprende su desaliento. Es como si lo dicho el día anterior no se lo hubiese escuchado nadie. Es como si tuviese la obligación de cambiar de criterio cada 24 horas. Es una puñetería más para compadecer a Rubalcaba.

Yo entiendo muy bien por qué los periodistas insistimos tanto: porque necesitamos noticia, que la crónica política se está poniendo difícil. Y creo entender también a Rubalcaba cuando se empeña en mantener su calendario y convocar las primarias en fecha más próxima a las elecciones, aunque tengan mucha razón quienes sostienen que el líder que salga de esa consulta necesita tiempo para consolidarse.

Mi tesis es la siguiente: por una parte, Rubalcaba no ha decidido todavía retirarse o continuar, porque se encuentra con vitalidad para volver a competir con Rajoy por la presidencia del Gobierno. Es posible que esté esperando a que pase la oleada de opinión que lo vincula al zapaterismo y pueda desprenderse de ese lastre. La oportunidad sería la oferta socialdemócrata que saldrá de la próxima conferencia del partido. Por otra, Rubalcaba no acaba de fiarse de la sucesión que pueda surgir de esas primarias. No acaba de ver, igual que este cronista, suficiente talla en los nombres que se autoproponen. Es posible que tengan atractivo mediático o resulten sugerentes como renovación generacional. Pero casi ninguno de ellos ha demostrado categoría suficiente para hacerse cargo de la jefatura del Gobierno. Y algo peor: no transmiten a la sociedad votante la seguridad de esa categoría. Por lo tanto, tampoco tendrían posibilidad de ganar y eso es regalarle poder al Partido Popular.

Expuestas estas dos teorías, este cronista se apunta a la continuidad de Rubalcaba. Es posible que la losa del zapaterismo sea para él una condena. Pero sigue siendo el político socialista de más calidad. Sigue siendo el personaje más sólido de la izquierda que conocemos. Y sigue siendo uno de los dirigentes con más sentido de Estado. Destruirlo o conducirlo hacia el abismo puede ser muy rentable para el Partido Popular, Izquierda Unida o Unión Progreso y Democracia (UPyD). Pero sería un mal negocio para el conjunto del país.